domingo, 7 de febrero de 2010

El Debate sobre la llegada del AVE a la Provincia(1)


Requiem por la vieja estación de Alicante
MARIO GAVIRIA Y JOSÉ MARÍA PEREA Este es un homenaje, una elegía, una reflexión sobre una Estación Terminal en estado terminal, agotada, arquitectónicamente masacrada, saturada, poco inaccesible para la mayoría de los alicantinos. A pesar de que recibe unos 133 trenes y unos 8.500 pasajeros diarios, es una estación caducada. Genera un problema urbanístico insoluble, una llaga, una brecha abierta que divide la ciudad en dos y degrada el paisaje. Tras 150 años de servicio a la ciudad ha conseguido su objetivo y no da más de sí. Descanse en Paz, una paz consensuada con la ciudadanía, una paz participada.
Fue una estación pensada para unos 20.000 habitantes de 1858. Ahora Alicante tiene 400.000 y el conjunto Alicante-Elche-Benidorm-Marina Baixa, casi un millón. Ahora hace falta una gran estación pasante intermodal que sea digna y sostenible, que pueda recibir al AVE junto a la Vía Parque.


Alicante no tuvo nunca mucho éxito en su relación con el ferrocarril. Fue mejor su relación histórica y urbanística con el mar, ya que al menos generó La Explanada ganada a las aguas de la bahía, el espacio urbano de más calidad. En materia urbanística y, sobre todo, en materia ferroviaria, Alicante es una contradicción bloqueada, un cúmulo de vías y estaciones mal planificadas. Tiene, tal vez, la Red Arterial Ferroviaria más fallida de España. En los últimos 40 años se han contratado una docena de estudios y proyectos todos fracasados. La ciudad ha sido incapaz de relacionar bien sus medios de transporte y de conseguir una mínima intermodalidad entre el puerto, los ferrocarriles, los autobuses y el aeropuerto. Tal vez este año 2010 sea el año de las soluciones.
Al ferrocarril en Alicante le pasa lo mismo que le pasaba a Antonio Machín en aquel bolero profético en el que, cantando, se preguntaba: "¿Cómo se puede querer a dos mujeres a la vezÉ y no estar loco?". Alicante tiene tres líneas de tren, con tres anchos de vía, (el AVE llega con ancho UIC, incompatible con las anteriores). Tenía, hasta hace poco, tres estaciones de tren más la de autobuses y la marítima, todas desconectadas entre sí.
Es Alicante un puerto industrial sin grandes industrias, con una playa San Juan con pocos hoteles, una ciudad escasa en agua dulce, con mucho sol y poca electricidad fotovoltaica. Una ciudad con un casco antiguo, histórico, geográficamente excéntrico que no consigue del todo ser el corazón de la auténtica gran ciudad policéntrica que no lo sabe, Elche-Alicante-Benidorm. Es una magnífica conurbación con tres ciudades que no está loca sino equivocada al querer meter el AVE en el Corte Inglés como un elefante en una cacharrería. La estación en situación terminal de Alicante, en saco, está asfixiada y es asfixiante para el centro de la ciudad del siglo XXI.
Basta pasear una hora por la actual estación para comprender el mérito de los ferroviarios que consiguen que funcione. A pesar de tener 200 trenes diarios menos que la estación Central de Valencia está más saturada por no tener vías de escape, por estar "al fondo del saco". Hay 16 vías y las maniobras son una auténtica filigrana, una pesadilla insoluble. Todavía tiene vías de gasoil no electrificadas. La mayoría de los trenes tienen que irse a cambiar de sentido en marcha atrás. Tiene el mismo paso a nivel del siglo XIX. Las barreras bajan y suben para dejar pasar a nueve trenes por hora y vuelven irritables a los automovilistas que de vez en cuando se las saltan o las rompen bloqueando los sistemas eléctricos. Muchos de los sistemas de control son todavía manuales. Una obra maestra de los trabajadores de RENFE que hacen que los trenes aterricen como puedan, hasta ahora bien.
Las dos líneas reinas son las de larga distancia Madrid-Alicante y, de cercanías, la línea Alicante-Elche-Murcia (mal resuelta hoy). Juntas suman unos 3 millones de pasajeros y son las que deben de condicionar la solución definitiva de la estación de manera que se pueda continuar hacia Benidorm y la Marina Baixa conectado con Elche, el aeropuerto en El Altet y Madrid.
Da toda la impresión de que ha habido decenas de estudios y proyectos que se han quedado en nada. Los dos errores principales de estrategia planificadora son:
Que no hay que ver la estación terminal de Alicante para el uso exclusivo del casco antiguo y el primer ensanche sino relacionado con el resto del territorio, tanto la comarca de L'Alacantí como la de la Foia de Castalla, tan cercana hoy, y el aeropuerto, Elche y Benidorm-Marina Baixa.
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Una estación en el corazón de la ciudad


MARIO FLORES LANUZAHace ciento cincuenta años Alicante se convirtió en la primera ciudad portuaria unida con Madrid por ferrocarril. Las crónicas de la época hablan de la ilusión con la que se esperó la llegada del nuevo modo de transporte y el entusiasmo que despertó el viaje inaugural, que fue jalonado con grandes festejos tanto en la ciudad como en el resto de la provincia.
Aquello fue una auténtica revolución para nuestra tierra: el tráfico portuario sufrió un impulso inmediato y, de su mano, se desarrolló el comercio. Las actividades artesanas tradicionales fueron dando paso a una incipiente industria y, con el tiempo, el tren trajo los primeros veraneantes. El modelo fue madurando: la ciudad de Alicante se convirtió en un gran centro de servicios de todo tipo, que atendía las necesidades de un sistema polinuclear de ciudades en donde gracias a la iniciativa y al trabajo de muchos prosperó la industria, el turismo, el ocio y la segunda residencia.
Alicante ha sido en las últimas décadas un modelo de éxito en el que el desarrollo productivo y la calidad de vida han alcanzado un particular equilibrio. Y, no en vano, nuestra provincia se ha convertido durante lustros en un gigantesco imán que ha atraído a centenares y centenares de miles de personas, de otras partes de España y de Europa, que han venido aquí a trabajar o a disfrutar o a ambas cosas a la vez.
Algún historiador mantiene la tesis de que los siglos comienzan realmente en los años 10. Es esta una sensación que a todos está asaltando en estos momentos: la crisis es el final del modelo social y productivo del Siglo XX y el comienzo de uno nuevo en el que nuevos valores se añaden a la necesidad de seguir progresando en desarrollo y empleo.
¿Y qué papel deseamos que cubra nuestra ciudad en este nuevo siglo? Una pregunta que todos nos debemos hacer, desde la vida pública o privada, desde el empresariado, desde la universidad o desde el conjunto de entidades sociales. Porque ese futuro dependerá en buena parte de lo que entre todos decidamos hacer.
Nadie duda que la civilización del ocio que nos viene en el nuevo siglo otorga a toda nuestra provincia y a su entorno una posición de ventaja inicial para atraer grandes flujos de rentas generados en centroeuropa y en el interior de la península. Accesibilidad desde el exterior (y de ahí nuestra batalla por el AVE y por el desarrollo del aeropuerto), calidad del entorno y la gran competitividad de sectores como el turístico o el de la promoción y construcción son tres elementos básicos que definen nuestras oportunidades.
Y junto a ellos un elemento esencial: servicios de todo tipo de primera calidad que hagan agradable la estancia de los que decidan pasar largas temporadas con nosotros. Ahí está nuestra oportunidad y nuestro reto, porque en esto sí que nos vamos a diferenciar radicalmente de otros destinos que pueden competir en precios pero no en responder con un estándar europeo en materia de comercio, administración, medicina y muchos otros similares.
Dentro de este modelo, la ciudad de Alicante está llamada a ser el polo de servicios por antonomasia del sureste de la península. Y queremos que lo sea además renovándose a sí misma. No desplazando el comercio y los demás servicios a la periferia sino revitalizando y desarrollando el potentísimo entramado comercial y de servicios, y de su mano los edificios, las calles, las plazas y toda nuestra ciudad.
Y por eso, Ayuntamiento y Generalitat se pusieron de acuerdo en algo que nos parece esencial: la pervivencia del modelo urbano de Alicante y sus expectativas de desarrollo futuro deben tener como aliado esencial la futura estación del AVE, que va a ser el verdadero corazón del transporte de la provincia y de las limítrofes, y en donde dentro de unos años decenas de miles de viajeros intercambiarán entre los trenes de alta velocidad, las cercanías, los servicios exprés y los autobuses metropolitanos, pudiendo acceder fácilmente a los servicios del centro urbano y dando estos a la vez una buena oportunidad para ese proceso de regeneración.
Es cierto que algunos manejan la entelequia de que es lo mismo una estación en la periferia urbana a la que se accede mediante un trasbordo con un tranvía. Pero este modelo de intercambiador periférico conlleva que el flujo comercial y de servicios se localice preferentemente en la nueva estación, con el decaimiento del comercio y de los servicios tradicionales y con una atención a la oferta que resulta al final insuficiente, perdiendo la posibilidad de un modelo estable de desarrollo. El modelo centrífugo conlleva, a su vez, la centrifugación del empleo a la periferia y con él la residencia de muchas capas sociales, acabando en un par de décadas con un proceso de deterioro urbano imparable.

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